Hemos sido testigos de un largo período en el cual se
han implementado muchas experiencias orientadas a promover el
desarrollo de los pueblos, se han ensayado métodos y estilos
de desarrollo sin que se llegue a definir un modelo capaz de lograr
un verdadero esquema democrático, donde la participación
de todos los actores sea una misión compartida y el mejoramiento
de las condiciones de vida de la gente el objetivo solidario.
Aunque, bien puede afirmarse que la idea de definir un solo estilo
de desarrollo crearía conflictos en un país como
el Ecuador, donde la diversidad étnica genera potencialidades
que deben ser aprovechadas para crear instancias de desarrollo
que constituyan auténticas señales de participación
de todos los actores sociales.
Detrás de todas las experiencias hubieron muchos intereses,
el Estado paternalista y autocrático trando de todas maneras
de imponer un estilo que, por un lado, responde al típico
esquema electorero, pagar favores de campaña, por otro
lado, las presiones de los organismos financieros para internacionalizar
la economía que, bajo el nombre de globalización
tratan de crear un modelo que no considera las individualidades
étnicas, obligando al Estado a crear una estrucura de desarrollo
única, planificada por los de arriba, para solucionar
los problemas de los de abajo.
El contexto político es otro problema que generará
serios conflictos en la aplicación del tan mentado desarrollo
local, todos sabemos que cada dos años hay un evento electoral,
generalmente aprovechado por los políticos para crear expectativas
y dividir a la población, ya sea por las ofertas electorales
o por las presiones que los partidos políticos ejercen
sobre los líderes comunitarios, causando de esta manera,
la correspondiente confusión y retrazando cualquier intento
de consolidar un proceso de desarrollo basado en las potencialidades
del capital humano.
El roll de los gobiernos seccionales es otro punto crítico,
acostumbrados a dar respuestas inmediatistas, con una planificación
hecha por sus técnicos sin establecer previamente un diagnóstico
que oriente un proceso, tendrán serias dificultades para
aplicar una estrategia participativa y democrática si no
se involucra en la dinámica que el desarrollo local implica.
Por último, las organizaciones y comunidades que conforman
el capital humano de los gobiernos seccionales, si bien tienen
una cultura de participación comunitaria muy arraigada,
en relación con las estructuras de gobierno mas bien han
tenido una actitud dependiente, algo más, tienen profunda
desconfianza de las instancias políticas y no están
dispuestos a transigir con respecto a la oportunidad que tienen
de acceder a la toma de decisiones en esta nueva experiencia que
pretende promover su desarrollo.
En este contexto, el desarrollo local requiere más que
una decisión política de los gobiernos locales,
requiere de todo un esquema, de una cultura de la participación
que se fundamente en el respeto a los derechos colectivos de los
pueblos, a las potencialidades de sus individuos y a la capacidad
de generar estrategias y mecanismos innovadores que sean capaces
de afrontar el desarrollo dentro de un contexto que combine la
sabiduría popular con la tecnología de la modernidad.